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AKALAPIZEIMA Y EL SOL |
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En los sabanales del Caroní, cerca del Roraima , en los tiempos de los abuelos de antes, vivía Akalapizeima, el primer hombre , el padre de toda la gente, quien cosechaba maíz para preparar sabrosísimas mandiocas; las cuales colocaba en el techo de su casa. Entonces, Wei, el sol, las lamía y lamía con su lengua pura llamarada. Un día Akalapizeima tenía ganas de hacer travesuras, por eso quiso atrapar a Walo’ma, el gran sapo. Pero éste muy escurridizo era rápido le resbaló entre las manos y de un |
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empujón lanzó a Akalapizeima al río. Luego también él, se zambulló en las aguas. Colocó Akalapizeima en su espalda y nadó hasta llegar a una isla lejana. Allí walo`ma abandonó su carga humana. Era ya tardísimo y como muy cansado estaba, Akalapizeima se acurrucó debajo de un árbol enorme y dormido se quedó. |
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Al despertar tenía su cuerpo todito cubierto de excremento que habían dejado caer unos zamuros que habitaban en la copa del gran árbol. Como estaba desesperado rogó a Kaiuanog, la estrella matutina y a Kapei, la luna que lo ayudaran a salir de aquella soledad- llévenme arriba, quiero ir al firmamento- pero se negaron porque Akalapizeima nunca compartió con ellas las mandiocas que hacía.- |
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Pídeselo a Wei quién si come de tus mandiocas. Cuando Wei Apareció en el cielo navegando en una canoa -¡Ayúdame, ayúdame! Le rogó Akalapizeima.- Y Wei lo rescató. Seguidamente pidió a sus hijas que lo lavaran y hermosearan bien porque quería casarlo con una de ellas. Después Akalapizeima pidió a las muchachas que llamaran a Wei que aún no calentaba mucho, para quitarle el frío que lo entumecía. Wei quien muy escuchador era, se engalanó a todo dar, estaba bonito, bonito, con aquel traje hecho con un plumerío escandaloso de guacamayas gritonas. Y aquellos zarcillos flourecentes hechos con la piel de miles y miles de escarabajos, lanzando destellos multicolores e iluminando todos los cielos. Wei le dijo –quiero que te cases, que te matrimonies con una de mis hijas, para serle fiel toda tu vida. Pero eso será más tarde. Por ahora te quedarás aquí arriba mientras yo bajo a la tierra junto con mis hijas a descansar dentro de una maloca. Al quedarse solo en la canoa suspendida en el cielo, Akalapizeima desobedeció a Wei y también bajó a la tierra. Allí se encontró con las hijas del zamuro, se enamorisqueó de ellas y se las llevó con él hacia la canoa celestial. Cuando Wei y sus hijas salieron de la maloca se encontraron a Akalapizeima arriba en la canoa rocheleando con las hijas del zamuro. Aquello fue un terremotear de ira solar-¡ por tu infidelidad castigado serás¡ y no podrás ser “…joven y hermoso como yo ….” Y se fueron con su desencanto dejando a Akalapizeima abandonado, quien al despertar se encontró entre la zamurera con el cuerpo hecho guilindajos de piel y perdida la mirada entre el arruguero de sus párpados, era pues el hombre más feo y viejo de la tierra. Es por esto que sus descendientes, nosotros los hombres, perdimos la maravillosa cualidad de ser eternamente jóvenes. Así llegamos a conocer la vejez y el fin de nuestras vidas. Y las hijas de Wei se regaron en los cielos para ser las alumbradoras de la travesía que hacen las almas de los muertos. Así cuentan los abuelos de antes .Es todo.
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